Siento haber faltado el último día a mi cita semanal. El deber me llamaba. Y sigue llamando: es lo que tiene el deber, que se hace oír. Claro, que si le haces mucho caso, te encierra en una urna de cristal y te quiere para él solo.
Pero también dentro de esa urna se oyen otras voces, que retumban y retumban como un badajo y chocan contra el cristal de la campana en círculos inacabables. ¿Dicen que sigue habiendo mundo ahí fuera? Pues ya es hora de que vaya a verlo.
Así que he levantado un poquito la campana y me he escapado por un rato, sigilosa. Puede que haya desaparecido el mundo. Me voy a constatar que sigue en su sitio. Y me voy al cercado, que es más real que la misma realidad, a por un chute de esencia.
Como os dije, ahora están los becerros en un prado nuevo. Se han cambiado para aprovechar otros cercados. Estaban antes en un valle que se mantiene por más tiempo verde y fresco, y ahora vamos a guardarlo un poquito para cuando el verano tome posesión de sus dominios sin ni siquiera llamar. Han quedado tan solo en el viejo cercado quince eralitas.
Entonces ahora están los becerros y sus madres y el semental Carialegre en uno de los prados que se agostan antes. Me dicen que en este nuevo cercado la hierba es muy basta, y que por eso se han llevado ahora allí a los animales antes de que no puedan aprovecharla. Ni idea de lo que quieran decir.
Pero cuando llego al cercado lo entiendo: la hierba no solo es basta, sino que es además espigona. Me encantan estas palabras secretas que son el lenguaje natural de los últimos lingüistas del campo. Lo de "espigona" lo veo claro: menudas pedazo espigas que empiezan a salir entre la hierba. Y eso, claro, no lo comen las vacas, que están duras las espigas.
Pero a parte del adjetivo interesantísimo espigona, resulta que con la misma raíz y concepto también se puede formar un verbo. Si la hierba es espigona, si aparecen espigas entre el pasto, es porque la hierba se espiga. Será deformación profesional, pero para mí es todo un hallazgo.
Será también prueba de que a pesar de todo sigo viva, de que no ha desaparecido por falta de uso la capacidad de sorpresa. ¡Y de que por dios, tanta campana no es vida!
Por eso el día antes de ir ya estaba emocionada. Como aprendí en el Principito, me puse a preparar mi corazón (*). Y se acercaban las cuatro, y más alegría me entraba. ¿No es estupendo cuando se escapan sonrisas sin querer como palomas de un sombrero mágico?
Entonces llegué, y al abrir la puerta del coche, durante un solo segundo, me zarandeó una terrible y penetrante bocanada de manzanilla. Un huracán de apenas un segundo más intenso y perdurable que montañas de minutos lastimosamente engarzados en saberes inservibles.
Estaban la mayoría de los animales tumbados. ¿Y eso? ¿Hemos venido en algún momento especial? Simplemente están echados disfrutando de la primavera. En invierno con el frío no paran quietos, rebuscando hierba y combatiendo la dureza del clima. Pero ahora disfrutan de la primavera. Que está aprovechando este año un poquito más entre las sábanas verdes y frescas, perezosa. Quizá también dándome a mí una tregua, concediéndome una prórroga para que yo también pueda disfrutar de ella.
Lo que me encuentro en el campo puede que no sea una sorpresa, sino lo esperable, teniendo en cuenta que Caraalegre nació ya en noviembre.
¿Pero no os resulta de todas formas chocante verlo mamar con sus dos cuernos ya más que incipientes?


Vaya, aquí está otra vez. ¿Podéis oler ahora la manzanilla?
(*) Al día siguiente volvió el principito.
-Hubiera sido mejor que volvieras a la misma hora de ayer –dijo el zorro-. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, te estaré esperando desde las tres y cuanto más se aproxime la hora de la cita, más feliz me sentiré. Y para las cuatro, me sentiré sumamente inquieto por verte y descubriré entonces lo que vale la felicidad. Pero si vienes a horas distintas no sabré cuándo empezar a preparar mi corazón… Los ritos son imprescindibles



















Comentarios
Un beso
Por cierto, Caraalegre está hecho un mozo.
Es buena la pregunta pues efectivamente Cuba y Cubilón comparten un mismo origen. Pero hace ya muchos años de eso, y ahora son dos líneas diferentes.
A ese semental hay que ponerle un monumento!!!!
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