Sigue el becerro amonado entre los matorrales. Y ahí se queda todo el día sin moverse hasta que vuelve la madre a atenderlo, a darle de mamar al caer la tarde. Se preparan entonces para pasar la noche juntos, el churro al resguardo de la vaca.
No se levanta el churro en todo el día a no ser que le den un susto o una impresión fuerte. Y vamos nosotros a molestarle, pero sólo un poquito. Queremos saber el sexo del habitante más joven del cercado.
Para saber el sexo del becerro, le levantan el rabo. Buscan ahí la natura, que es como se denomina en el campo a la vagina. ¿Y no sería más fácil levantar al becerro y comprobar si tiene o no atributos masculinos? ¿Qué haríais vosotros?
Pues por lo visto es imposible en los primeros días comprobar el sexo de la cría por medio del pene o verga. Coincide el ombligo con el prepucio, por lo que no puede distinguirse al principio uno de otro.
Al cabo de un día se le suele caer el ombligo a los becerros, pero continúa inflamado durante otros diez días. Hasta entonces, sólo podemos saber el sexo levantándoles el rabo y buscando la natura.
Y eso es lo que hacemos. Ponemos al churro de pie con un breve ruido y le miramos debajo del rabito:


Es un macho.
Ha vuelto a amonarse el becerro en cuanto lo hemos dejado. Ahí, entre los matorrales, seguirá resguardado hasta que regrese la madre.





















Comentarios
David, vaya q si ha sido el destino! Nos lo ha puesto en bandeja
Suscripción de noticias RSS para comentarios de esta entrada.