¿Qué crees que contestaría si le dijera alguien que antes no veía más que sombras inanes y que es ahora cuando, hallándose más cerca de la realidad y vuelto de cara a objetos más reales, goza de una visión más verdadera, y si fuera mostrándole los objetos que pasan y obligándole a contestar a sus preguntas acerca de qué es cada uno de ellos? ¿No crees que estaría perplejo y que lo que antes había contemplado le parecería más verdadero que lo que entonces se le mostraba?
Platón (Mito de la caverna)
Han cambiado mucho las cosas. Ya no paso las horas frente a una ventana por donde procesionan ante mí en un goteo incesante vacas, bueyes, caballos y los hombres que los dirigen. Un día aparcaron dos coches, y de ellos sacaron los hombres capotes y muletas. Empezaron a torear sobre el barro, sin toro, y aún así a derrochar sentimiento y pinturería, y sobre todo alegría, alegría contagiosa. Reían y disfrutaban, y yo desde mi reclusión tras los cristales de la ventana, reía también a carcajadas. Pusieron algo de música entonces, un poco de flamenco para acompañar el sentimiento de donaire y desgarro, y flotaban los capotes, y los acompañaba el cuerpo alto en vuelo por los aires.
Después he sabido que apagaron la música e hicieron aterrizar los capotes porque recordaron mi sitio tras la ventana, y mi dedicación unívoca, y no quisieron molestar.
Puede que no fueran muchos los momentos de asueto que tuve durante el curso pasado, pero los que tuve los viví al máximo. “Vente un momento que vamos a echar a las vacas”, y yo iba, y el campo cada día me regalaba una historia con palabras como las gotas de miel dulce que cantaba Gabriel y Galán: “y dentro del sentido caían las cadencias/ como doradas gotas de dulce miel que del panal fluyeran”. Y eso bastaba para que la entrega de un año de oposiciones se hiciera llevadera, y mereciera la pena.
Ahora el esfuerzo dio sus frutos, y me encuentro en otro mundo, en un valle recóndito, donde nadie sabe de toros ni de los hombres que los cuidan. Y a veces yo también me siento apartada, como si hubiera sido expulsada del paraíso, como si yo misma me hubiera desterrado como hizo El Cid cuando vio que no podía escapar a su destino: “Tú me destierras por uno, ¡yo me destierro por cuatro!”
Y me cuesta escribir porque ya no me siento una con la tierra, porque ya mi alma no pajarea por los caminos, porque a veces El Puerto no es más que una proyección de mis ansias, porque sigue siendo real para los demás, y para mí a veces no puede ser más que un ancla, un refugio mental, el tronco gastado de una encina vieja.
Porque no oigo las voces sabias de los hombres que han nacido con el campo dentro, porque ya no pueden enseñarme a mirar ni mostrarme el significado oculto de los actos cotidianos.
Y sobre todo porque durante unas semanas no he podido quitarme este verso de Luis Rosales de la cabeza: “¿Y quién te cuida, Luis?”. ¿Y quién os cuida a vosotros, quién sabe de vuestro ahínco, de vuestro celo, de vuestra forma de vida?
Escribo desde el espacio exterior, y resulta que aquí hay formas de vida para las que no es necesaria el agua de la sierra. Formas de vida, inteligentes o primitivas, ajenas a los secretos de las vacas.
Esaú y Curro plegaron un día los capotes y su gracia y alegría porque no quisieron molestarme en mi viaje a los confines de la galaxia. Pero el breve espacio en el que volaron los capotes fue suficiente para traspasar la barrera del sonido. Hoy llega el recuerdo vivo hasta mí como la claridad que viaja a años luz, y se recibe como si acabara de nacer.
Así también es suficiente el resplandor que llega desde vuestro lugar olvidado para saber que, aunque el mundo ahí fuera pueda existir sin saberlo, sois vosotros los que estáis en el centro de la galaxia, y es el secreto de las vacas el que alienta la vida a mi alrededor.
Y a vosotros, habitantes inconscientes y autosuficientes del mundo exterior, os digo con Cernuda: Tened cuidado, “su fulgor podría destruir vuestro mundo”.
A Lz en su cumpleaños, y a JJ, siempre



















Comentarios
Tu esperada entrada me ha conmovido y me parece una preciosidad, pero no puedo decir que me haya gustado, porque me dice que quien lo escribe no está en su mejor momento. No sé donde estás, pero sí que estás lejos del campo. Tampoco sé si el escribir de este campo te ayudará o no, sólo te puedo decir que pruebes a ver si esto te ayuda. Los que te leemos lo agradeceremos. Y no me extraña que eches de menos el Puerto, yo estuve en septiembre unos minutos viendo el ganado y todavía me dura aquella sensación de paz. Y ten por seguro que si lo intentas, muchos seguiremos aquí apoyándote.
Un saludo
Por aquí ya nos hemos hecho a la idea de que te vamos a ver menos, pero no por eso vamos a olvidarnos de tí. Sabemos que como "Interina Novata" tienes otras obligaciones, pero esperamos los periodos vacacionales y alguna que otra escapada para disfrutar de tu compañía.
Cuenta con todo nuestro apoyo y nuestro ánimo en esta nueva singladura, ¿o acaso no has oido en algunas ocasiones como coreábamos tu nombre?.
Sinceramente, ¡¡¡Mucha suerte!!! y que Dios te bendiga.
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