Han pasado tres días desde que vimos por primera vez a Fardera y Langostillo, ambos recién nacidos. Vamos a hacerles nuevas fotos, y es siempre sorprendente lo grandes que están, la vitalidad que desprenden. Apenas tres días y ya han hecho la dehesa suya, ya se han habituado a la vida del cercado.
Los vemos junto a sus madres, siguiéndolas a todas partes. Son alrededor de las cinco y media de la tarde, y a estas horas ya se han juntado las nuevas madres con sus crías. Se preparan las vacas para pasar la noche junto a sus retoños, acompañándolos en la oscuridad. Durante el día, como ya hemos visto, pueden dejarlos escondidos, de forma que los becerros se quedan tranquilos y las vacas pueden dedicarse a econtrar alimento.
Buscamos a Fardera. No ha venido a comer. Y ahí está, echada. ¿Pero que hace tumbada que no ha acudido a nuestra llamada anunciando el pienso? Como veis, en el campo hay que estar siempre con todos los sentidos alerta, para notar cualquier cambio o incidente que se salga de la normalidad. Y realmente los hombres de campo parece que traen la intuición de serie.
Me acuerdo un día que estabamos herrando tranquilamente un becerro. Nada se salía de lo normal, estábamos a lo nuestro, poniéndole el hierro como a cualquier otro. Estábamos un puñado de gente: trabajadores, amigos que vienen a ayudar, otros que les gusta acompañarnos en este día especial. Mis hermanos, que estaban en ese momento haciendo alguna otra cosa, de pronto se tiraron sobre el churro y empezaron a aflojarle las cadenas que lo sujetan en el mueco o caja de herrar. Todo fue tan rápido que no tuvieron tiempo ni de abrir la boca para avisar. Resulta que el becerro se estaba asfixiando y ninguno de los que estábamos a su alrededor nos habíamos dado ni cuenta. Pero ellos lo sintieron, ven algo más en lo que para los otros no es más que rutina.
¿Habéis visto alguna vez uno de esos videos en los que te dicen que te fijes en las veces en que, por ejemplo, el equipo blanco se pasa el balón? Resulta que mientras tú te dedicas a contar los pases, un tío vestido de orangután se ha estado paseando por el campo de baloncesto, pero nadie se ha dado cuenta. En el campo nuestro, sólo los auténticos conocedores son capaces de ver al orangután.
Pero seguimos con la vaca Fardera. Que se estaban preguntando cómo es que está tumbada en vez de venir a comer. Parecería que estuviera mala, para no haber acudido a la llamada de la comida. Pero está rumiando, notan enseguida. Y eso es buena señal.

Levantamos a la vaca. Señalan entonces que tiene las ubres muy cargadas, y los pezones tiesos. Pero la becerra, nuestra pequeña Fardera, está "ancha". Y eso, de nuevo, es buena señal. Me recuerdan a los brujos, a los adivinos antiguos que interpretan las señales, explican el presente, y predicen el futuro.
El que tenga las ubres cargadas puede ser en principio un problema. A veces se les hinchan los pezones a las vacas porque tienen mucha leche, y el becerro no puede mamar. Se llama esto mamitis, pero es más común en manso. En el ganado bravo sólo alguna rara vez ha habido que coger una vaca para descargarle los pezones.
Así que puede que la vaca esté apartada porque está molesta con las ubres tan henchidas. Pero la becerra no parece tener problema ninguno en mamar. Está muy sana y se cría bien. Juzgad sino vosotros mismos:





















Comentarios
Tus hermanos saben de esto, y mucho.
Un beso.
La historia con Fardera y Langostillo, está poniéndose interesante!
Un saludo
www.rincon-taurino.blogspot.com/
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