Está siendo un verano sangriento para nuestros toreros, aún cuando haya algún filósofo que se ha propuesto medrar convenciendo al gran público de que los toros no son tan fieros como los pintan. Si acaso, según él, el peligro radica en arañarse con una banderilla.
La realidad, como no podía ser de otra forma, viene tristemente a contradecir al gran filósofo. Aunque más penoso es que ni siquiera el pitón que destroza las entrañas de los hombres pueda abrir una pequeña brecha en la estrechez de miras de aquellos que supuestamente se dedican a buscar la verdad.
Los ganaderos crían los toros para gloria de los toreros, y creo que la sangre y el pundonor de los que se visten de oro y plata abonan la dehesa. Si hay hombres en el ruedo dispuestos a entregar lo mejor de sí mismos en busca de la perfección y el trabajo bien hecho, cómo no va a haber ganaderos que dediquen todas sus horas a dar forma a un ideal.
Algunos de los héroes luchan a brazo partido por recuperarse de las heridas del ruedo, dispuestos a volver al frente. En el campo también tenemos nuestro pequeño sanatorio de becerros.
Este es nuestro Langostillo, que ha estado un poco pachucho, con diarreas. Aquí le estamos poniendo antibiótico y vitaminas en el mueco.

Al día siguiente lo apartan junto a la madre, de forma que no estén junto con el resto de vacas y crías. Así podrán estar más tranquilos, al tiempo que para nosotros será más fácil hacerles un seguimiento exhaustivo.
¿Pero qué le pasa a Langostillo? Parece que está un poquito más alegre, pero sigue flacón. Tiene los ojos hundidos y podría tener fiebre. Lleva así un tiempo, tristón y parado.

Vamos a dejarlo aquí junto a su madre, apartado del resto de la vacada. No lo vamos a llevar de nuevo al embarcadero, pues sería una paliza para él bajarlo hasta el mueco de curas. Vamos a esperar a ver cómo evoluciona en el campo.
Pero esto no significa que nos quedemos de brazos cruzados. Llamamos al veterinario, que explica que podría tratarse de una enfermedad transmitida por las garrapatas. Habrá que sacarle sangre.
Dejamos a madre e hijo en un cercado llano y de fácil control. Las demás vacas permanecen en la sierra, donde es más difícil para nosotros localizarlas, y más fácil para ellas quedarse rezagadas. Además, estando solos, no se ven obligados a correr al ritmo del resto del ganado. Como Langostillo está débil, opta por echarse y amonarse mientras el resto de vacas y becerros se mueven de acá para allá.

Hoy mismo, tras unos días apartados, ya se han incorporado Langosta y Langostillo al cercado de la sierra con el resto de la vacada. O sea, que nuestro Langostillo ya hace vida normal. Al final no fue necesario sacarle sangre ni tomar ninguna otra medida especial. Tras ponerle el antibiótico, fue mejorando día a día. Probablemente no sería más que un catarro, y con mimos y reposo al poco se ha restablecido completamente.
Siguen nuestros becerros creciendo y poniéndose fuertes, para que un día puedan encontrarse los toros bravos y los toreros valientes.



















Comentarios
Lo del "garrapatazo" es bastante serio Lucia. Hay animales que como no se les diagnostique rapido, se van enseguida. No veas lo que pasé una vez con esto de la garrapata con mi caballo.
Un saludo Lucia.
He tenido mi blog abandonadillo pero procuraré mantenerlo al día.
Un saludo y os animo a pasaros por el mío.
vet-taurina.blogspot.com
Gracias de nuevo por tu comentario, un saludo
Ya he visto que venís a Madrid a la feria de Otoño. Pues que sepas que os esperamos con mucha ilusión y esperando que salga la corrida cómo todos esperamos. Imagino que esas semanas de espera serán para morirse.
Un saludo
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