En el famoso comienzo de Ana Karenina, sentencia Tólstoi que todas las familias felices se parecen, mientras que las desdichadas lo son cada una a su manera.
Quizá por ello la historia de la felicidad es tan breve. Pasan los días de los becerros entre los primeros rayos de sol que trae consigo el mes de abril, plácidos y serenos. Se suceden monótonas las horas, y apenas notamos el paso del tiempo.
El relato de los malos momentos está cargado de detalles, buceamos en lo más hondo para sacar afuera todo lo que sentimos, con la esperanza de que pieza tras pieza podamos construir un puzle que dé sentido a tanta desazón. Y sin embargo, cuando viene la felicidad, no necesitamos explicarla, ni hablar de ella, ni darle forma con palabras.
Viene a decir Tólstoi que las familias felices no tienen historia, o al menos es una historia que no merece la pena escribirse. Es posible que también las vidas felices de los becerros se parezcan unas a otras, y que apenas pueda contarse nada sobre ellas. Comen Langostillo y Fardera, retozan, corren por las pequeñas lomas con el rabo levantado, enarbolando la bandera de la alegría. Se juntan con los demás becerros, "alegre tropa de recentales dulces" que cantaba Gabriel y Galán. Vuelven cansados al lado de sus madres, que los acogen amorosas y solícitas.
Pareciera que no hay nada especial en la historia de nuestros pequeños becerros, que la felicidad no cuesta, que la alegría se presupone. Puede que no haya mucho que contar sobre la felicidad. Comentan los actores que es mucho más fácil representar una tragedia que una comedia; piensan los artistas que las grandes obras surgen del desamor y de la frustración.
Pero yo lo que creo es que la felicidad es mucho más sutil que la amargura, más ligera y delicada. Por ello tiene lugar en un sitio tan profundo, tan dentro de nosotros, que apenas nos damos cuenta de ella. Parece la tristeza más intensa, y sin embargo lo que ocurre es que a veces simplemente la sentimos en las terminaciones nerviosas de la epidermis.
Por eso me gusta mirar a Fardera y Langostillo, mientras comen, mientras retozan sin saber que los días de juego tendrán un fin, ajenos al paso del tiempo. Porque puede leerse en ellos la historia de la alegría. Me gusta mirarlos de la misma manera que los viejos se quedan embelesados contemplando la despreocupación de los niños pequeños. Como si en la sonrisa desdentada de ambos se reconciliaran el pasado y el futuro, como si aún fuera posible volver a los días de felicidad inconsciente, como si todavía quedara lugar para la inocencia y la vida pudiera empezar de nuevo en cualquier momento.
Es más pequeña la historia de la felicidad, más leve. Por eso necesitamos pararnos para sentirla, abrir todos nuestros sentidos para recibirla. No la busques en las terminaciones nerviosas de la epidermis, en las emociones llamativas y superficiales. Mira a Fardera y Langostillo. ¿La oyes ahora? Esa corriente subterránea que de pronto parece que va a levantarnos los pies, a lanzar nuestro mundo por los aires. Y que por un momento, en la soledad de la dehesa, nos pone en la boca una hostia sagrada.
Miran los viejos a los niños, y saben leer la historia de la felicidad escondida en los callos de sus vidas artríticas. Miramos a Langostillo y Fardera, y sabemos que la felicidad es especial, y única, y siempre posible. Pero exige que sepamos leerla y escucharla y contarla.
En el campo, nos lo ponen fácil los becerros. ¿O no es especial y único el momento en que vemos por primera vez a nuestros becerros comiendo paja? ¿Hay alguien que no sea capaz de sentirlo así?
¿Se nos había olvidado que es posible la felicidad en la aparente quietud de los días?




















Comentarios
Un saludo.
Me enganché al blog hace un par de semanas y lo abro todos los dias por ver si hay alguan noticia nueva de Langostillo y Fardera.
Gracias Lucía por hacernos soñar, y por dejarnos dejarnos disfrutar con esa prosa digna de los mejore escritores...
Si es que donde hay arte...
¡Hasta tus comentaristas tienen arte!
A lo que vamos. Dejando a Tolstoi a un lado, ¿os habéis fijado en las hechuras de Langostilla? ¡¡¡Más quisiera la Naomi Campbell!!!.
Buen día a todos.
http://www.rtve.es/podcast/radio-5/clarin/
Son majos estos chicos de Clarín, con profesionales así da gusto.
Imaginate dentro de cuatro años a Langostillo con esa caja y esos "leños" por delante... puf, como pa´ estar delante ¡¡Madre mia!!.
Esperemos que luego den de si en la plaza lo que se esperan de ellos.
Un saludo.
Que tengáis buen día.
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