Estaba fuera de casa. Llamé para charlar. Pregunté por el churro, claro. ¿Cómo está el becerro? se ha convertido ya en un ritual. Noté que no me querían dar la mala noticia. Pero esas cosas se sienten. No se aclaran si el becerro está bien o no. Me pone nerviosa que no encaren el hecho de frente, así que pregunto directamente si se ha muerto. Todavía les cuesta confirmarlo. Me explican que por la mañana no quiso ya mamar. Y por la tarde, sí, murió.
Pero yo no os quiero esconder a vosotros la noticia. Murió, y eso es todo lo que podemos decir. Pregunto estúpidamente si sufrió, y me dicen que no. Sólo para añadir a renglón seguido que qué sabe nadie si sufrió o no sufrió, qué pregunta más absurda.
Qué sabe nadie de la muerte. Murió, y eso es todo.
En el fondo lo sabíamos todos. ¿O no es cierto que sabíamos qué débil nació, qué problemas tenía para mamar, cómo apenas se quería mover? ¿Son esos acaso signos de vida? ¿O más bien de la muerte que extiende interminablemente el tiempo de su visita como un invitado pesado?
El becerro ha muerto. Viene la muerte todos los días, y sin embargo siempre nos pilla desprevenidos. Todos puede que en el fondo lo supiéramos, pero hicimos lo imposible por parar las tornas de la maquinaria infernal. ¿Se nos puede culpar por ello? ¿Puede uno caer en la soberbia de rebelarse contra el orden implacable de la naturaleza?
Nosotros dándole todas las atenciones y cuidados al becerro. Vosotros deseando con todas vuestras fuerzas que saliera adelante, haciéndoos daños en vuestros deseos porque desear lo poco probable es como arañar un ataúd con la débil esperanza de llegar a abrir la tapa.
¿Y fueron todos esos cuidados y deseos a alguna parte? Puede que no contribuyeran a hacer más felices los escasos días en que vivió el becerro. A veces lo veía, dando sus torpes pasitos, y pensaba qué difícil era llegar hasta el becerro, poder sacar de nosotros todo el cariño que sentíamos y hacérselo llegar. Desde luego, no se puede dar un abrazo a un becerro. Pero quizá tampoco vale para un humano una sonrisa de apoyo cuando todo su mundo está a punto de desaparecer. Nadie puede adentrarse en la soledad de la muerte.
Quizá el becerro no es más que un becerro, quizá su vida no valió de nada.
Pero puedo pensar también que es Niñoso, el becerro de todos, un becerro con un nombre, y un nombre que significa algo para muchos de nosotros. Me gustaría saber qué ha podido significar Niñoso para vosotros, pero os diré lo que ha significado, lo que todavía significa, para mí.
Significa lo más grande que el campo puede dar, que es la conciencia de la vida y de la muerte: la certeza de que la naturaleza es dura e indiferente a los deseos humanos, la sabiduría de que la vida no va a adaptarse a nuestros esquemas, y la profunda intuición de que vivir sólo tiene sentido cuando aprendemos a caminar al ritmo de los acontecimientos.
La vida nos mandó a Niñoso, y nosotros tuvimos la suerte de acompañarlo y de arroparle en estos días duros. Vino la muerte, sí, pero nos pilló luchando y con mucho amor en los corazones. Y el amor es lo único que la muerte no se puede llevar. No sólo eso, sino que la muerte riega al amor como a semillas que crecen y se esparcen.
Niñoso siempre nos recordará lo que es el campo: el milagro de la vida, el esplendor de la naturaleza, la cima de los sentimientos, y la dignidad, la absoluta dignidad, de la lucha.



















Comentarios
En tus brazos soñadores
alfileres de colores
no le quieren coser.
Sigue así...
Solo habeis echo lo que debiais. Mucho mas que algunos que se dedican a ir a parlamentos a debatir si toros si o toros no. Vosotros habeis luchado por el toro en toda la extensión de su palabra.
Enhorabuena Lucia y animo para seguir trabajando así, que "Niñosos", nacen todos los dias.
Un saludo desde Huelva.
Espero que esté donde esté, Niñoso sepa que nos ha tenido a muchos como segundas madres.
A seguir adelante. Esa es otra regla de oro que debemos aprender. Todo sigue.
Pues si todo sigue, que sea así.
A nosotros, vuestros seguidores, se nos ha ido una ilusión. Tan sólo os pido que nos sigais teniendo al corriente, que nos ilusionéis de nuevo, con el día a día de la familia de nuestro querido Niñoso.
PD. Mis felicitaciones al autor de las entradas, por su bellísima prosa.
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