Vuelvo una semana después a casa, y todo sigue igual. No duran mucho las celebraciones en el campo; tampoco las penas. Al final lo que sí queda, al margen de los resultados, son las emociones compartidas. Unas pocas veces se comparten alegrías, siempre preocupaciones, y en otras ocasiones, cuando las cosas no han rodado tan bien como esperábamos, se soporta el silencio mano a mano. Así que, esta vez, gracias por compartir con nosotros la alegría de la corrida de Madrid.
Las alegrías y las penas se viven de forma tan íntima que es difícil que otros las puedan sentir por nosotros. Es difícil expresarlas, y es también difícil que podamos comprender las de otros. Por eso me maravilla que haya quienes puedan entender el significado que tiene para nosotros criar toros bravos. Un amigo me decía una vez que la misma significación e importancia podía encontrarse en cualquier profesión, y sin duda es verdad.
Creo que hablamos sobre un ciclista, y sobre un carnicero. Al final lo que importa es la entrega, la profesionalidad, el trabajo bien hecho, y el amor que estés dispuesto a ponerle. Y no siempre es fácil encontrar dónde poner nuestras pasiones, o estar dispuestos a ponerlas en alguna parte, con la exigencia y el compromiso que atender una pasión requiere.
Que el trabajo sea tu vida, y no porque seas un obseso del trabajo o lo utilices para huir de ti mismo y de la realidad, sino porque te llena, te enriquece y te pone al alcance una serie de valores que te moldean como persona y dan forma a tu potencial, es un lujo al alcance de pocos. Y por eso admiro el trabajo de los de casa, y me miro en su espejo.
Porque ahí es donde he aprendido que el verdadero triunfo es invisible a los ojos. No radica en el resultado, que siempre es más o menos circunstancial; hay que buscarlo en la constancia, en la dedicación, y en la afición sin límites. Quizá en la nueva era del toro clonado, deje de ser éste un oficio artesanal. Y tengamos churros como muebles modernos, perfectamente pulidos, sin ninguna de las vetas y tachas que anuncian las piezas hechas a mano.
Pero hasta entonces, seguiremos regando con mimo los frutos del cercado. Y disfrutando de verlos crecer, perfectos en su imperfección redonda.
El mundo sería un lugar mucho más duro y feo sin pasiones, y si no pudiéramos compartir lo que es importante para cada uno de nosotros. Así que tenía ganas de volver a casa, de ir al cercado de los becerros, y de poder contároslo. Pero yo que pensaba encontrarme con los pequeñines, y resulta que estos becerros están creciendo muy deprisa. Hay alguno que hasta ya está en plena edad del pavo... Dentro de poquito os cuento por qué.



















Comentarios
Pero cuando se tiene la moneda en la mano se puede cambiar Lucia, y la moneda de cada uno es, como bien dices, el trabajo diario.
Yo no me caracterizo por darle coba a nadie, pero cuando las cosas se hacen bien me gusta felicitar a la gente. Así que como ya te dije, enhorabuena por vuestro trabajo. Tambien lo haré cuando llegue Fernando de Madrid.
Un saludo desde el campo Onubense.
El otro día triunfásteis, pero yo me temí lo que ha pasado otras veces, que a quien le tocara no entendiera vuestro ganado, que lo maltratara y que no mostrara lo que eran de verdad, porque si hay una cosa que tiene el Puerto es que los toros tienen calidad, aparte de días malos o toros malos, pero es que si os salen todos buenos, igual no estarías satisfechos, pues a lo mejor esa robotización no llena tanto como la imperfección.
De nuevo enhorabuena.
Un saludo
ENHORABUENA DE NUEVO.
Saludos
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