Salgo al campo dispuesta a ver qué hacen los becerros, y a contároslo. No parece hoy el día más adecuado, pues está oscura y llorosa la mañana, y me acuerdo de los días pasados en los que las campanillas se atusaban al sol, presumidas y delicadas.
Pero lo bueno del campo es que cada día se acepta como viene, porque siempre trae una historia única e inesperada. Salgo sin ninguna pretensión, más que dejarme llevar por la mañana, escuchar mucho, preguntar un poco y abrirme como una planta carnívora para llenarme de campo.
Por un momento pierdo la fe: ¿no va a pasar nada hoy? ¿no tendré nada que contar? Pero dura sólo un momento, porque el campo generoso ignora mis dudas y me planta delante una estampa tras otra, me cuenta al oído un montón de historias. Es siempre igual, y sin embargo las sorpresas continuas no dejan de asombrarme.
Y que tenga algo que contar es secundario: lo importante son las emociones que voy recogiendo en el cercado, que me guían en el camino de vuelta como migas de Pulgarcito. El cercado es un mundo propio, un universo paralelo, y el resto del mundo puede que sea irreal, un engaño en el que alguien nos ha colocado, como en esas películas de ciencia ficción en las que el mundo "real" no es más que la fantasía de otros seres más avanzados.
Llego al cercado, y posan juntos el nuevo semental, y nuestras dos Farderas, madre e hija. Parece que saben que a veces necesito pruebas para poder creer, blasfema y pecadora como Santo Tomás reclamando meter su torpe mano en el costado abierto de Jesucristo.
Posan, y parecen la familia feliz. Y el día nos ofrece lo mejor de sí mismo, agarrado a los montes como un amante pegajoso y sentimental.

Ah, pero como en las mejores familias, también hay disputas, y problemas, y una parte fea. Esa que perdonamos en nuestra familia pero no aguantamos en las demás. Y pasa que las comidas no siempre se hacen en familia.
Vamos al cercado para echar pienso al semental, que es el número 44, Carialegre. Hay que traerle pienso porque la hierba no es suficiente para este hombretón. Las vacas están satisfechas con la hierba, pero el toro necesita mayor aporte energético.
Pero resulta que el toro no come el pienso, no lo quiere. Perderá peso, pero ya tendrá tiempo de recuperarlo. Así que son Fardera, la vaca y la cría, las que dan buena cuenta de él, mientras el toro distraído y etéreo prefiere rumiar sus pensamientos.

Y yo me quedo sorprendidísima: ¡¿pero cómo de todas las vacas del cercado es justo nuestra Fardera la que tiene el privilegio de comerse el pienso?!
Es que es más fuerte, me dicen. Y yo la miro, y desde luego que es fuerte, y poderosa, y sabe cómo hacer uso de su elegante belleza.



















Comentarios
Bueno Lucia, te he dejado algo en El Retoñal.
Un saludo.
http://marin-lastmohican.blogspot.com/2010/05/premio-tejiendo-suenos.html
¿Os acordais de los antiguos libros de familia?
¿A que valdría para la primera página?
¡Qué paz transmiten estas imágenes!
Que tengáis un feliz día.
y el nombre tejiendo sueños... muy chulo
Mis felicitaciones por el trabajo bien hecho.
Feliz día.
Enhorabuena ganaderos.
Se fueron los toros al desolladero con cuatro o cinco orejas, una pena.
Y la presentación de sobresaliente, los seis muy bien, muy igualada la corrida, con unas hechuras perfectas y buena cara.
Enhorabuena a los ganaderos, y suerte para este año.
Que cosa más bonita. Seguro que el becerrito saldrá tan bueno como los que salieron ayer en Madrid. Enhorabuena. ¡Y qué no se cansaban de mebestir! Podéis estar orgullosos, razones tenéis.
Un saludo
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