Antes de llegar al cercado, se adivinaba un tremendo guirigay en el recinto. Con el caballo aún se tardaba unos diez minutos en llegar al epicentro del caos. Durante todo este tiempo, las vacas no dejaron de bramar. Al acercarse, era tal el desbarajuste y la intensidad de los bramidos que se diría que todas las vacas andaban metidas en el berenjenal.
Corre la tropa de vacas, entre bramidos, detrás de algo. Al llegar, se encuentra el jinete a la vaca Cuba que, dolorida y renqueante de las patas, se arranca a la defensiva, vencida y humillada.
Entre todas, le habían pegado una paliza a Cuba, la vaca más bonita del cercado. ¿Os acordáis de ella? Os la enseñamos junto a su cría en "Día de la Madre". En aquel día de mayo posaba orgullosa y serena.
Vio enseguida el caballista que la vaca tenía la barriga hinchada. La debían haber caído y se habían ensañado con ella en el suelo- de ahí las heridas en la tripa.
¿Pero por qué le pegaron?, pregunto. Tendría una trifulca con alguna vaca y perdería, me dicen. Sobre todo cuando una vaca es la jefa, se ponen todas las demás en su contra.
Así que las vacas, como los toros, también se pelean. Aunque sí es cierto que con menos frecuencia. En las noches de verano, con la ventana abierta, no deja de oírse a los toros, retándose en su lenguaje secreto. Incluso las fundas no son suficientes para proteger a los toros de su propia furia: hace apenas unos días murió un toro reventado por los golpes de sus compañeros.
En cuanto a las vacas, suelen pegarse sobre todo a la hora de la comida. Los toros pueden compartir una pila de comida pero las vacas no pueden comer del mismo pesebre. Se pegarían, porque cada una de ellas quiere adueñarse de toda la comida.
Os voy a contar una historia de la vaca Fardera, que ya sabéis lo poderosa y espléndida que es. Por la comida es capaz de imponerse al mismísimo semental del cercado. Un día que llevábamos pienso para el toro, vi algo que no había imaginado jamás: la vaca peleándose con el toro.


El toro, no sé si sorprendido o resignado, se batió en retirada sin oponer demasiada resistencia.
Y aquí están Fardera madre e hija disfrutando de su botín, mientras el toro opta por mirar hacia otro lado.

Os dejo con la vaca Cuba, unos días después de la paliza. Aún pueden observarse los varetazos y la tripa hinchada.

Ahora no se arrima mucho a las otras vacas, así que está sola, pues ya deshijamos a su becerra. Como también a uno de nuestros protagonistas, pero eso ya os lo cuento otro día.



















Comentarios
Yo siempre había oído que cuando algo era peligroso lo era cómo una vaca brava y visto lo que cuentas, la comparación tiene todo su por qué. Quizás un día de estos me acerque por Tamames y como hago siempre, me iré a ver in situ a estas señoras de mal carácter. Un saludo
Suscripción de noticias RSS para comentarios de esta entrada.